Diseño web

Cuánto se tarda en hacer una página web, y de qué depende de verdad

Los plazos que damos y por qué se cumplen o no. Aviso: la parte que más retrasa una web no la controla quien la programa.

· 5 min de lectura · Gintonic Comunicación

La respuesta corta: una landing de una página, entre cinco y siete días. Una web de tres o cuatro páginas, entre dos y tres semanas. Un proyecto con tienda o varias zonas, entre tres y cinco semanas.

La respuesta larga es más útil, porque esos números tienen una condición que casi nunca se cumple.

El reloj no empieza cuando firmas

Empieza cuando hay con qué trabajar. Textos, fotos, logotipo, la lista de servicios con sus precios, los datos de contacto correctos.

Es la causa del noventa por ciento de los retrasos que vemos, y no es culpa de nadie: el cliente tiene un negocio que atender y escribir la descripción de seis servicios se queda para el domingo, y el domingo pasan cosas.

Por eso preferimos decirlo antes de empezar. Si en dos semanas no hay contenidos, el plazo se mueve dos semanas, y eso no es una penalización, es aritmética.

Cómo repartimos el tiempo

En un proyecto de tres o cuatro páginas, más o menos así.

La primera semana es de decisiones: qué páginas hay, qué se cuenta en cada una, en qué orden y con qué palabras. Es la parte que parece que no avanza porque no se ve nada, y es la que determina si la web va a funcionar. Aquí es donde diseñamos la página de inicio y te la enseñamos terminada.

La segunda es de diseño y montaje. Cuando las decisiones están tomadas, esto va rápido.

La tercera es de ajustes, pruebas en móviles reales, velocidad, formularios y la parte técnica de posicionamiento: estructura de encabezados, direcciones limpias, datos estructurados.

Lo que sí alarga un proyecto

Las fotos. Si hacen falta fotos propias del local, del equipo o de los trabajos, eso es una sesión que hay que cuadrar, y cuadrarla con un negocio abierto lleva más de lo que parece.

Los idiomas. Cada idioma no es traducir, es revisar que todo encaje, y suma tiempo real.

Las aprobaciones repartidas. Si hay tres socios que tienen que dar el visto bueno y uno está de viaje, el proyecto va a la velocidad del que está de viaje.

Los cambios de rumbo a mitad. Añadir una tienda cuando ya está montada la estructura no es añadir una página: es rehacer decisiones anteriores.

Un truco que funciona: junta los contenidos antes de pedir presupuestos. Aunque los textos estén en bruto y las fotos hechas con el móvil, tener el material reunido adelanta más el proyecto que cualquier otra cosa.

Qué pasa el día que se publica

Que la web está en línea y no la conoce nadie. Es normal y conviene esperarlo, porque el bajón de ánimo del primer mes es real.

Google tarda unos días en indexarla. Aparecer por el nombre de tu negocio es cuestión de poco. Competir por búsquedas de tu sector se cuenta en meses, y depende de cuánta competencia tengas. Si alguien te promete resultados de posicionamiento para el día siguiente de publicar, no sabe de lo que habla o cuenta con que tú no lo sepas.

Lo que sí puedes tener el primer día es la parte local: la ficha de Google al día y los datos coherentes. Eso da resultados mucho antes que el posicionamiento clásico.

Qué te vamos a pedir, y cuándo

Esto es lo que más adelanta un proyecto, así que va con detalle. Si lo tienes reunido antes de empezar, los plazos de arriba se cumplen sin drama.

El primer día: la lista de servicios que quieres vender, con el precio o el rango de cada uno. El nombre exacto del negocio, la dirección y el teléfono tal y como quieres que aparezcan. El logotipo en el mejor formato que tengas, aunque sea el original del diseñador de hace quince años. Y quién decide: una persona, con nombre.

La primera semana: lo que quieras contar de cada servicio, aunque sea en notas de voz o en un correo mal escrito. No hace falta que esté redactado, para eso estamos. Hace falta que esté la información.

Antes del montaje: las fotos. Trabajos hechos, el local, el equipo. Las del móvil valen y suelen funcionar mejor que las de banco de imágenes, que se notan y restan.

Y algo que casi nadie tiene a mano: los accesos. Dónde está contratado el dominio y con qué usuario, dónde está el alojamiento, quién controla el correo. Buscar esto suele llevar más tiempo que hacer la web, sobre todo si lo gestionó alguien que ya no está. Si no lo encuentras, dilo pronto y lo resolvemos entre los dos.

Por qué no damos plazos más cortos

Podríamos. La parte de montar va rápida y hay quien vende webs en cuarenta y ocho horas.

Lo que no cabe en cuarenta y ocho horas es pensar qué se cuenta. Y esa es la parte que decide si la web trae clientes o solo existe. Una web montada en dos días es una plantilla con tus fotos: puede estar bien si es lo que necesitas, pero entonces te sale más barato montártela tú.

Preferimos tardar una semana más y que el texto de la página de inicio diga algo que a ti te sirva.

Los plazos que damos

  • Una página, de cinco a siete días desde que hay contenidos.
  • De tres a cuatro páginas, de dos a tres semanas.
  • Cinco o más, tienda o varias zonas, de tres a cinco semanas.

Van escritos junto al precio antes de empezar, igual que las tarifas. Si quieres ver cómo quedaría lo tuyo antes de decidir nada, pídenos el diseño de la portada: es gratis y lo tienes en pocos días.

Los planes y qué incluye cada uno

Preguntas

Lo que nos preguntan sobre esto.

Una página bien hecha, sí, siempre que los textos y las fotos estén listos el primer día. Lo que no se puede hacer en una semana es decidir qué se cuenta, y esa es la parte que de verdad lleva tiempo.

Que el plazo se mueve, y conviene decirlo desde el principio para que no sea una sorpresa. El reloj cuenta desde que tenemos con qué trabajar, no desde que se firma.

Publicar y posicionar son cosas distintas. Una web nueva puede estar indexada en días, pero competir por búsquedas con competencia se cuenta en meses. Los plazos de este artículo son de publicación, no de resultados.

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