Que una web parezca antigua no es motivo suficiente para rehacerla. Estas seis señales sí lo son, y al final está el error que hace perder en Google todo lo ganado.
· 5 min de lectura · Gintonic Comunicación
La mayoría de los rediseños se piden por el motivo equivocado. Alguien ve la web de un competidor, la compara con la suya y decide que la suya parece vieja.
Puede que tenga razón, pero «parece vieja» no es un motivo, es una sensación. Y rehacer una web que funciona es una forma cara de perder lo que ya tenías. Estas seis señales sí son motivos.
1. En el móvil hay que hacer zoom
Es la más fácil de comprobar y la más grave. Abre tu web en el móvil. Si tienes que ampliar con los dedos para leer, si un menú se sale de la pantalla o si un botón queda debajo de otro, no tienes un problema de estética: tienes una web que la mayoría de tus visitas no puede usar.
La mayor parte de las búsquedas locales se hacen desde el móvil, muchas veces de pie y con prisa. Una web que ahí no funciona no está a medias: no está.
2. Tarda demasiado en abrirse
Cuenta mentalmente mientras carga, con datos móviles y no con la wifi de casa. Si pasas de tres segundos mirando una pantalla en blanco, ahí se te está yendo gente que nunca vas a ver en ninguna estadística, porque se fueron antes de llegar.
Esto no siempre exige rehacerla. A veces son las imágenes, que pesan diez veces lo que deberían, y se arregla en una tarde. Merece la pena comprobarlo antes de gastarse el dinero grande.
3. No puedes cambiar un teléfono sin llamar a nadie
Si para corregir una errata, subir una foto o cambiar un horario tienes que escribir a quien te la hizo y esperar, tu web no es tuya del todo.
Y tiene una consecuencia práctica que se ve enseguida: las webs que no se pueden tocar no se tocan. Los precios se quedan viejos, el equipo cambia y sigue el de antes, y el aviso de las vacaciones se publica en septiembre.
4. En cinco segundos no se entiende a qué te dedicas
Haz la prueba con alguien que no te conozca. Enséñale la primera pantalla cinco segundos, quítasela y pregúntale a qué te dedicas y dónde estás.
Si duda, el problema son los textos. Y no se arregla con un diseño nuevo: una web bonita que no dice qué vendes es una web bonita que no vende. Esto pasa mucho con las portadas que empiezan con una frase inspiradora en vez de con lo que haces.
Esta prueba la puedes hacer hoy, gratis y con cualquiera. Es la que más información da de las seis, y la que menos gente hace.
5. No apareces en Google ni buscándote por tu nombre
Escribe en Google site:tudominio.com, sin espacio después de los dos puntos. Eso te enseña las páginas tuyas que Google tiene guardadas.
Si no sale nada, no es un problema de diseño, es que estás fuera del índice, y lo explicamos entero en por qué mi web no aparece en Google. Si sale solo la portada, tienes una web de una sola página a efectos de buscador, aunque tú veas seis.
6. Lleva un año y no ha entrado ni un cliente por ahí
Esta es la de fondo. Una web que no genera ni una llamada ni un correo en doce meses no está cumpliendo su función, y el motivo casi nunca es el color.
Suele ser una de estas tres: no la encuentra nadie, la encuentran y no entienden qué vendes, o lo entienden y no hay una forma clara de dar el siguiente paso. Son tres problemas distintos con tres soluciones distintas, y conviene saber cuál es el tuyo antes de encargar nada.
El error que se paga caro
Hay una parte del rediseño que no se ve y que decide si conservas lo que tenías: las redirecciones.
Tu web actual tiene direcciones que Google conoce y que aparecen en resultados. Al rehacerla, muchas de esas direcciones cambian o desaparecen. Cada una tiene que apuntar a su equivalente en la web nueva, una por una.
Lo que se hace mal casi siempre es mandarlas todas a la portada. Parece razonable y es lo peor: cuando una página concreta lleva a un sitio genérico, Google lo entiende como que esa página ya no existe, y le quita lo que tenía ganado. Meses de posicionamiento por el desagüe sin que nadie se dé cuenta hasta que caen las visitas.
La regla es sencilla de decir y aburrida de aplicar: redirección solo cuando hay una página equivalente de verdad. Y donde no la hay, se dice que ya no existe, que es una respuesta limpia y no engaña a nadie.
Qué se conserva y qué se tira
Se conserva más de lo que la gente cree. El dominio es tuyo y no se toca. Los textos que funcionan se aprovechan. Las fotos buenas se quedan. Y la antigüedad del dominio, que sí cuenta, no se pierde por rehacer la web.
Lo que se tira es la estructura de páginas cuando estaba mal pensada, el gestor si no te deja trabajar, y los textos escritos para rellenar.
Si la estructura de páginas sirve y el problema es el aspecto, se rediseña encima y se conserva casi todo. Si las direcciones de las páginas están mal planteadas, no hay páginas de servicio o el gestor no deja tocar nada, sale más barato empezar de nuevo que pelearse con lo que hay.
No si se hace bien, y sí si nadie se ocupa de las redirecciones. Cada dirección antigua tiene que apuntar a su equivalente nueva. Redirigirlo todo a la portada es el error más caro y más común: Google lo interpreta como que esas páginas ya no existen y se lleva por delante lo que tenían ganado.
Un rediseño sobre una estructura que ya funciona suele ir en dos o tres semanas desde que están los textos y las imágenes. Si además hay que replantear qué páginas existen, cuenta entre tres y cinco. La parte lenta nunca es programar: es decidir qué se cuenta.
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