Un valorador de viviendas en tu web: cómo capta contactos una inmobiliaria de Tarragona
Quien va a vender empieza por preguntarse cuánto vale su piso, y hoy esa pregunta se la contesta un portal que se queda con su contacto. Un valorador en tu propia web cambia quién recibe la llamada.
· 4 min de lectura · Gintonic Comunicación
Cuando alguien decide vender su piso en Tarragona, lo primero que hace no es llamar a una inmobiliaria. Es abrir el móvil y escribir «cuánto vale mi piso». Y lo que encuentra son los valoradores de los portales grandes, que le dan una cifra a cambio de su correo y su teléfono.
Ese contacto —el de una persona que va a vender en los próximos meses— es el más valioso que existe en este negocio. Y hoy se lo lleva quien tiene el valorador, no quien tiene la oficina en la Rambla Nova.
La buena noticia es que un valorador no es tecnología de portal: es una herramienta pequeña que cabe en la web de cualquier agencia.
Qué hace exactamente un valorador de viviendas
El visitante escribe la dirección, los metros, el estado del piso y dos o tres cosas más: planta, ascensor, si tiene terraza. La herramienta le devuelve una horquilla de precio en pantalla, y le ofrece la valoración completa a cambio de dejar su correo o su teléfono.
Lo que le llega a la agencia no es un «hola, quiero información». Es un contacto con la dirección del piso, sus características y la horquilla que ya ha visto. El comercial llama sabiendo de qué habla, y la conversación empieza tres pasos por delante.
Por qué funciona mejor que un botón de contacto
Un formulario de contacto pide algo sin dar nada. Un valorador da primero: la persona recibe una cifra, que es exactamente lo que había venido a buscar, y a cambio deja sus datos. El intercambio es justo, y por eso lo hace mucha más gente.
Y hay un segundo efecto. Quien ve la horquilla y aun así deja el teléfono va en serio: ya sabe más o menos a qué precio saldría el piso y quiere seguir. Los curiosos se quedan en la cifra y no molestan a nadie.
De dónde salen los precios
Aquí no hay magia, y desconfía de quien diga que su valorador «usa inteligencia artificial» sin explicar más. Lo que hay detrás es un precio por metro cuadrado por zona —la Part Alta no vale lo que el Serrallo, ni Llevant lo que Sant Pere i Sant Pau— y una serie de ajustes por estado, planta, ascensor, exterior o interior.
Esos precios base salen de dos sitios: de los cierres de la propia agencia, que son el dato más fiable que existe, y de las referencias públicas de la zona. Se cargan en una tabla que la agencia puede tocar, y se revisan cada trimestre. Un valorador que nadie actualiza da cifras del año pasado y quita credibilidad en vez de darla.
Lo que hay que decidir antes de programarlo
Qué preguntas hace. Cuantas menos, más gente termina; cuantas más, mejor cifra. Cinco o seis suele ser el punto.
Si enseña una horquilla o una cifra cerrada. La horquilla es más honesta y protege a la agencia.
A dónde va el contacto: al correo, a WhatsApp, a vuestro CRM. Y quién lo llama, y en cuánto tiempo.
Qué dice el correo automático que recibe el propietario. Es el primer mensaje de la agencia y conviene escribirlo con cuidado.
El texto legal: qué se hace con los datos y la casilla de consentimiento.
Si hoy la primera valoración la hace un comercial por teléfono, lo que ese comercial hace con cinco preguntas es el algoritmo. Escríbelo tal cual y ya tienes la especificación del valorador.
Cuánto cuesta y cuánto se tarda
No publicamos una tarifa porque no cuesta lo mismo un valorador de cinco preguntas que uno que se conecta con vuestro CRM y manda la valoración en PDF con vuestra marca. Lo que sí es fijo es cómo se presupuesta: por escrito y con el precio cerrado antes de empezar; lo que se reparte por fases es el pago.
Lo habitual es un prototipo que se puede tocar en dos o tres semanas, para que la agencia pruebe el recorrido antes de que haya nada programado de fondo, y una primera versión en la web en uno o dos meses.
El valorador solo no basta
Una herramienta que nadie encuentra no capta a nadie. Para que el valorador trabaje hay que salir en «cuánto vale mi piso en Tarragona» y en las búsquedas de cada barrio, y eso es trabajo de posicionamiento: cómo se hace está en SEO para inmobiliarias. Y si la web de la agencia es la que dio el portal hace ocho años, lo primero es tener una web propia en la que el valorador no parezca un parche.
Si quieres saber qué costaría el vuestro, cuéntanoslo aquí y te contestamos en menos de 24 horas laborables con una horquilla.
Sí. El valorador es una pieza que se incrusta en cualquier página, sea WordPress, una web hecha a medida o la plantilla que os dio el portal. No hace falta rehacer nada: se crea una página nueva para él y se enlaza desde el menú y desde los anuncios.
No, y conviene que la propia página lo diga. Lo que da el valorador es una horquilla orientativa calculada con datos de la zona; la valoración de verdad la hace un comercial al ver el piso. Ese aviso, escrito claro, no quita contactos: los filtra.
Son datos personales y se tratan como tales: consentimiento marcado antes de enviar, texto de privacidad que diga para qué se usan, y el contacto guardado en vuestro sistema, no en el de un tercero. Todo eso va dentro del trabajo, no es un extra.
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